Desde el pasado sábado 21 de marzo, la frontera México-Estados Unidos estará temporalmente cerrada a los viajes no esenciales con la finalidad de frenar la propagación del coronavirus, anunció el presidente Donald Trump. 

El mandatario expresó que tal y como lo hicieron con Canadá, su administración está trabajando con nuestro país para implementar nuevas reglas en nuestros puertos de entrada para suspender los viajes no esenciales, sin embargo, aseguró que estas nuevas reglas y procedimientos no impedirán el comercio legal.

Por su parte, el Departamento de Estado emitió una nueva alerta de viaje instando a los estadounidenses a no ir al extranjero bajo ninguna circunstancia y a regresar a sus hogares si ya están en el extranjero, a menos que planeen permanecer en el extranjero.

Al respecto, el Secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, anunció la noticia unas horas antes en la Ciudad de México el viernes por la mañana, haciendo hincapié en que el cierre temporal se aplica principalmente a los turistas y a los que cruzan la frontera por motivos de recreo. Trump y Ebrard dijeron que México también está suspendiendo los viajes aéreos desde Europa.

Las restricciones fronterizas se aplican a los pasajeros de vehículos y a los peatones que cruzan en los puertos de entrada legales, pero quedan exentos los bienes comerciales que llegan por ferrocarril y por camión, así como el personal “esencial” y los que tienen permisos de trabajo legales.

“Vamos a proteger la actividad económica entre los dos países y en la zona fronteriza, […] tampoco se verá afectado todo lo que tenga que ver con las personas que trabajan en los Estados Unidos y que tienen esa autorización todos los días para trasladarse de un lugar a otro”, dijo Ebrard.

Asesores de la Casa Blanca, líderes de ciudades fronterizas y economistas de Estados Unidos han advertido en el pasado que tal medida interrumpiría las cadenas de suministro e impulsaría los precios al consumidor de Estados Unidos en todo, desde televisores hasta aguacates y automóviles.

México es el tercer socio comercial más grande de Estados Unidos en bienes, con 557 600 millones de dólares en comercio bilateral durante el 2017, según la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos. El comercio de servicios representa otros 58 mil millones de dólares, pero si se permite que el comercio transfronterizo siga fluyendo, las consecuencias económicas se minimizarán en cierta medida.

Las autoridades estadounidenses y mexicanas también están negociando posibles medidas de emergencia que permitan a los agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos procesar y devolver rápidamente a México a los migrantes que cruzan ilegalmente, a fin de reducir al mínimo el número de detenidos bajo custodia estadounidense.

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